
El ucraniano Yaroslav Mykhalushko confirmó su condición de prospecto sólido al imponerse por decisión unánime sobre Zoravor Petrosian y retener el título WBC Internacional de peso welter, en la función celebrada el sábado 18 de abril en el Circus de Lviv.
Las tarjetas de los jueces reflejan un dominio claro del local: 96-94 en los tres registros, una puntuación consistente que sugiere control táctico y ventaja sostenida durante los diez asaltos.
Mykhalushko, que llegó invicto, defendía su título en una pelea que, en papel, representaba una prueba seria ante un rival con mayor recorrido profesional. La narrativa previa apuntaba a un combate competitivo, pero el resultado indica que el ucraniano supo imponer ritmo, probablemente apoyado en su boxeo ordenado y lectura de distancia, elementos que ya había mostrado en conquistas anteriores dentro del organismo.
El combate encabezó una cartelera de siete peleas promovida en territorio ucraniano, consolidando a Mykhalushko como una figura en ascenso dentro de las 147 libras, con proyección hacia escenarios de mayor exigencia internacional.
Más allá del resultado, el margen en las tarjetas abre una lectura interesante: no fue una paliza, pero sí una pelea bajo control. Es el tipo de victoria que no genera ruido mediático inmediato, pero que en términos de desarrollo de carrera vale más que un nocaut aislado.

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