
El Consejo Mundial de Boxeo y su presidente, Mauricio Sulaimán, lamentan profundamente el fallecimiento de uno de los más grandes exponentes del boxeo en la historia: Miguel Canto Solís, el legendario «Maestro» de Yucatán.
Miguel Canto no solo fue un boxeador; fue un artista de la defensa, un estratega impecable y el hombre que puso el nombre de México en lo más alto de las categorías pequeñas. Su partida deja un vacío irreparable en el deporte, pero su legado como uno de los campeones más dominantes del WBC vivirá por siempre.
Nacido el 30 de enero de 1948 en la ciudad de Mérida, Yucatán, México, Canto construyó una carrera ejemplar cimentada en la disciplina y una inteligencia privilegiada sobre el ring. Tras su debut profesional en 1969, su ascenso fue una cátedra de técnica fina que lo convirtió en el referente máximo del pugilismo en su estado.

Su momento cumbre llegó el 8 de enero de 1975, cuando hizo historia al vencer al japonés Shoji Oguma en su propia tierra, convirtiéndose en el primer yucateco en alcanzar un título mundial. Ese triunfo marcó el inicio de una de las eras más brillantes en la historia del organismo, defendiendo su corona con éxito en 14 ocasiones.
Famoso por su capacidad para esquivar golpes sin perder la compostura, Canto protagonizó batallas épicas contra rivales de la talla de Betulio González y el propio Oguma, demostrando que el boxeo es el arte de golpear y no dejarse golpear. Su estilo, comparado a menudo con una partida de ajedrez, sigue siendo el manual de referencia para las nuevas generaciones de pesos mosca.
Orgullosamente yucateco, Miguel siempre fue un embajador de los valores del WBC: lealtad, humildad y valentía. Su ética de trabajo lo llevó a ser exaltado al Salón de la Fama del Boxeo Internacional en Canastota, un honor reservado únicamente para las leyendas más grandes del deporte mundial.

Nuestras oraciones y pensamientos están con sus seres queridos.
¡Descansa en Paz, Maestro!
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