
Los guantes de boxeo Cleto Reyes han dejado un impacto monumental en todo el mundo; de la misma manera, la naturaleza bondadosa, la calidez y la tremenda personalidad de Alberto Reyes se extienden con ese mismo alcance global de amistad, culminando siempre en un cálido abrazo.
En el séptimo aniversario del fallecimiento de Don Alberto, se llevó a cabo una misa y servicio de recordación en el Salón Alvi, en la delegación Gustavo A. Madero de la Ciudad de México. El recinto estuvo colmado por familiares, colegas que son amigos y personas de todos los ámbitos de la vida. Fue un espectro cristalino de la marca indeleble que dejó este hombre, así como del gran aprecio, estima y profundo afecto que siempre se le tendrá.
Conocidos mundialmente como el «Guante de los Noqueadores», los Cleto Reyes han sido portados por las superestrellas del boxeo, quienes confían plenamente en ellos. Muhammad Ali, Julio César Chávez, prácticamente todos los boxeadores mexicanos, así como Carlos Monzón, Roberto «Manos de Piedra» Durán, Mike Tyson, Oscar De La Hoya… la lista es interminable. Uno de los invitados presentes fue la gran leyenda invicta del boxeo mexicano, Ricardo «Finito» López, ex campeón de peso paja y minimosca. Un técnico brillante y un pegador nato con un golpe seco que resonaba mucho más allá de su categoría de peso, emanando y explotando desde su delgada complexión. Sobra decir que los Reyes fueron siempre su elección de guante.
Elizabeth, Beto Reyes y el resto de la familia recibieron a cada uno de los invitados con la cortesía que tipifica a la familia Reyes. El servicio fue oficiado por el Padre Ricardo Anaya, quien mencionó que la vida de Alberto tocó muchísimas otras vidas; que, al reunirse con su padre Cleto, este servicio era una celebración de la vida eterna, donde sus restos mortales se han transformado en una forma celestial. Fue maravilloso ver que tantas personas lo siguen recordando con tanto cariño años después de su partida.
Músicos con tres guitarras interpretaron serenatas rodeados de un mar de guirnaldas y coronas de flores rosas y blancas. Representantes del Consejo Mundial de Boxeo y periodistas se encontraban entre la congregación, otra señal de la admiración y el respeto eterno hacia Alberto Reyes.
Tras el servicio, se ofreció una cena en el salón de la planta baja. Se compartieron historias y tributos a Alberto: un verdadero profesional que, junto a su padre, construyó un negocio de clase mundial que la familia continúa hoy con ingenio, integridad, inteligencia, visión empresarial, atención al detalle, habilidad y devoción. Como líder, Alberto siempre guio con profesionalismo y el ejemplo en mano. Nunca pidió a nadie que hiciera algo que él mismo no hiciera, predicando con el ejemplo. Lideró desde el frente y construyó su reputación basada en este liderazgo admirable. En su búsqueda de la perfección, conocía su oficio, el invaluable trabajo de su vida y sus metas, que hoy abarcan varias generaciones.
Se proyectó un filme de gran clase que catalogó, narró y relató la vida de este hombre extraordinario: desde reuniones con líderes y superestrellas del boxeo, hasta el momento de sentarse en un banco de trabajo para, con sus propias manos, confeccionar y dar forma a un guante de boxeo que lleva el sello de la excelencia.
En la mesa de la cena había un guante de boxeo con un reloj diseñado e integrado en su resistente tela: una pieza de tiempo única. Los integrantes de cada mesa realizaron una rifa para ver quién se lo llevaría a casa. Un detalle muy apropiado, pues el tiempo vuela y es imperativo usarlo con sabiduría. De entre todas las personas, Alberto Reyes fue quien mejor supo apreciar esto, mientras los años se acumulaban y pasaban veloces, formando combinaciones que sumaron décadas.
Alberto Reyes dejó su huella en este mundo y su memoria vive… para siempre.





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