
El Consejo Mundial de Boxeo y su presidente, Mauricio Sulaimán, se unen hoy en un tributo solemne y lleno de gratitud al cumplirse el primer aniversario del fallecimiento del Papa Francisco (1936-2025).

Jorge Mario Bergoglio, el primer Papa latinoamericano en la historia, no solo fue el guía espiritual de millones desde su elección en 2013, sino que se convirtió en un pilar fundamental para el crecimiento humanitario del boxeo. Sus bendiciones, cargadas de fe, tuvieron efectos que muchos dentro de nuestro deporte consideran milagrosos, transformando vidas y brindando esperanza en los momentos más oscuros.

La relación entre el Santo Padre y la familia Sulaimán fue profunda y estrecha. Esta unión nació de una visión compartida sobre la educación y el deporte como herramientas de cambio social. Tras la propuesta de Román Rodríguez en 2016, Héctor Sulaimán lideró la apertura de Scholas México, integrándose con los directores mundiales José María del Corral y Enrique Palmeyro.
De esta colaboración nació BoxVal (Boxeando con Valores), un programa diseñado para educar a través del boxeo, el arte y la tecnología. El boxeo, siendo el deporte más noble y con mayor capacidad para transmitir valores de disciplina y respeto, fue elegido por el Papa y el WBC como el vehículo ideal para promover la armonía mundial.






El impacto de esta relación se materializó en las históricas «Peleas por la Paz». La primera de ellas, un encuentro entre el católico Saúl «Canelo» Álvarez y el musulmán Amir Khan, demostró que el deporte puede derribar barreras religiosas. Durante la gira en Inglaterra, Nueva York y Los Ángeles, se presentó el Olivo de la Paz, y los cinturones conmemorativos fueron creados por el artesano argentino Adrián Pallarols, íntimo colaborador del Santo Padre.

Francisco siempre mantuvo las puertas abiertas para el WBC, recibiendo en audiencias privadas a grandes figuras como Julio César Chávez, Deontay Wilder, Sergio «Maravilla» Martínez y Canelo Álvarez, a quienes siempre instó a ser ejemplos de integridad para la juventud.

Recordamos hoy sus últimas palabras pronunciadas el Domingo de Resurrección en 2025:
“Renovemos nuestra esperanza y nuestra confianza en los demás, incluso en quienes son diferentes a nosotros o vienen de tierras lejanas… Porque todos somos hijos de Dios”.
Su fallecimiento en 2025, tras una valiente lucha contra la neumonía, dejó un vacío inmenso, pero su espíritu vive en cada recuerdo y en cada rincón del mundo donde el boxeo sirve para unir y no para dividir.
El Consejo Mundial de Boxeo agradece eternamente las bendiciones enviadas por Su Santidad a nuestra comunidad.

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