
Por James Blears
El otro día, en las escaleras, un joven reportero me preguntó cómo era Don José como hombre e… hice una pausa, no para pensar, sino para reunir, coleccionar y ensamblar una infinidad de pensamientos.

Le dije que me tomaría años describir adecuadamente al hombre más extraordinario, aquel que poseía una visión y el impulso, además de la determinación, para llevarla desde su concepción hasta su glorioso cumplimiento. El genio para dar a luz y entregar el boxeo a la era moderna, sacándolo entre gritos y pataleos de los dolores de parto de las nuevas y frescas medidas de seguridad, introducidas mediante una nalgada que ya se había demorado demasiado.

También, el don de la amistad, acompañado de esa mano genial sobre el hombro con el saludo: “Qué gusto verte, mi querido amigo”. Sí, es casi imposible asimilar y darse cuenta de que han pasado doce años desde el fallecimiento del más grande embajador, diplomático, comisionado y administrador del boxeo. Para mí, trae a la mente el poema que busca explicar cómo los momentos, años y décadas se puntúan, pero luego son hurtados hasta que solo quedan los vestigios y los recuerdos, aunque sean monumentales… Así que:
¿Qué es el tiempo?
Nada desgarra al tiempo, ni el rayo ni el trueno,
como el tiempo no es tuyo ni mío, es imposible de definir.
Como la arena en la playa, elude los dedos que intentan alcanzarla,
mientras el reloj avanza y las arterias se espesan.
Todos los años han ido y venido,
¿estoy a mitad de camino o casi he terminado?
¿Es un año más mío, o dos, o veinte?
¿Me cortará de tajo o me dará con creces?

Al final de su última conferencia de prensa de los «Martes de Café» —que él mismo inventó—, Don José expresó en voz alta su esperanza de que la cirugía en la UCLA extendiera su vida otra década, pues quedaba mucho por hacer. Y así sigue siendo. Pero en su sabiduría, dejó el legado de vida, corazón y alma en su hijo, protegido y alumno, Mauricio, quien posee el ADN y el dinamismo necesario, lo que garantiza simultáneamente la continuidad y una maravillosa marcha de progreso.


El Fondo José Sulaimán, gestionado y administrado de forma independiente por la Nevada Community Foundation, con subvenciones para boxeadores retirados merecedores que han pasado por tiempos difíciles. El desarrollo del Programa de Boxeo Limpio (Clean Boxing Program), cuyo lema es: “Si lo usas, pierdes”, porque en este deporte, que no se juega, el rendimiento mejorado artificialmente plantea riesgos horrendos que amenazan la vida. El rescate y fortalecimiento del boxeo amateur y una mano amiga para que el boxeo olímpico sobreviva, permitiéndole luchar un día más.
Han hecho falta más de mil y una noches para hacer realidad el sueño de un Grand Prix del WBC. Pero gracias a Turki Al-Sheikh y a Mauricio, se ha convertido en un éxito tangible y brillante, anunciando una creciente en la galaxia futura para los boxeadores talentosos y prometedores.

En su obra maestra La Tierra Baldía, T.S. Eliot escribió que abril es el mes más cruel, describiendo el renacimiento y los deseos tras las desoladoras profundidades del invierno. Pero algunos difieren, después de cruzar los pesados portales de roble de la Antigua Basílica de Guadalupe, para sentarse con cautela en las frías bancas. Aquellos que han hecho este viaje antes están bien abrigados contra el frío y las ráfagas de mediados de enero. Antes y después de la misa oficiada por el amigo de Don José, el obispo maronita George Saad Abi Younes, quien ya tiene canas en las sienes con el paso de los años, hay una oportunidad para charlar, sonreír y recordar:
Don José lo hizo a su manera, mediante un legado que permanecerá,
durante cien años o más, pasando al folclore,
y lo que es más, es todo una Proeza… por supuesto.
Venga lo que venga, los cimientos y los fundamentos están en su lugar. Las rocas permanecen.

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