
Todo apunta a que está naciendo una curiosa, y encantadora, tradición en el Consejo Mundial de Boxeo: ganar un título… y dar el siguiente gran paso en el amor.
El pasado 28 de junio, Michal Cieslak conquistó el título interino de peso crucero del WBC tras vencer por TKO a Jean Pascal. Una semana después, intercambió el cinturón por el anillo y se casó con su pareja.

A principios de ese mismo mes, el veterano Krzysztof Wlodarczyck se sumó a esta tendencia romántica: el 5 de julio se coronó campeón interino de peso bridger del WBC, también por TKO, ante Adam Blaski. Esta misma semana, celebró otra gran victoria fuera del ring al casarse con su pareja.

Y por si fuera poco, Spencer Wilcox, una de las revelaciones del Boxing Grand Prix, ganó su combate de la segunda etapa por decisión unánime frente a Bartlomiej Pryzbyla. Al regresar a Canadá, no dudó: le pidió matrimonio a su pareja.

Tal vez no sea oficial, pero parece que cuando un boxeador gana algo importante con el WBC, también le llega un triunfo del corazón. Porque hay títulos que van al hombro… y otros, que se llevan en el alma.
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